Porcieda (Vega de Liébana)

zA un kilómetro del pueblo de Tudes, en el municipio de Vega de Liébana, se encuentra Porcieda, una aldea actualmente deshabitada.

Porcieda es uno de los más de 1500 pueblos abandonados que hay en España, consecuencia de la despoblación de las zonas rurales. En un paraje excepcional, frente a los Picos de Europa, la aldea de Porcieda se emplaza en el antiguo camino que comunicaba los pueblos de Tollo y Tudes con la villa de Potes. Lugar de paso de la ruta Vadiniense (Santo Toribio – León)*, en su alternativa por el Puerto de San Glorio.

*El Camino Lebaniego, ramal del Camino de Santiago que lleva al Monasterio de Santo Toribio, ha sido en 2015 declarado Patrimonio de la Humanidad, junto al resto de rutas de peregrinación del norte de España. Esta declaración incluye el conjunto de bienes patrimoniales de importancia histórica construidos para cubrir las necesidades de los peregrinos, como son: catedrales, iglesias, hospitales, albergues y puentes. Fuente: UNESCO.

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Vista aérea de los pueblos de Tudes, el camino hasta Porcieda y el “Convento”. Fuente: Google maps.

 

POrcieda
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Para llegar a Porcieda hay varias opciones, pero todas a pie:

  • Para los menos deportistas, desde Tudes. El camino es corto y bien sencillo de unos 10-15 minutos.
  • Desde La Vega, pasando por Tollo hasta llegar a Tudes.
  • Desde Potes, pasando por Valmeo, hasta Porcieda y vuelta a Potes por el alcornocal de Tolibes. Toda la información para hacer esta ruta la podéis descargar en pdf aquí. De unas 4 horas de caminata, por pista forestal. Merece la pena para los que además de patrimonio arquitectónico quieran disfrutar de buenas vistas y conocer el mayor alcornocal de Cantabria. En el blog Los Saltapraos nos indican cómo hacer la ruta desde Ojedo hasta Tudes, pasando por Porcieda.

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Imagen de Tudes, con los Picos de Europa de fondo, camino a Porcieda.

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Imágenes del camino que nos lleva a Porcieda desde Tudes.

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Y llegamos a Porcieda…

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La aldea de Porcieda la conforman las viviendas, con sus respectivos pajares y corrales para el ganado, las eras, la plaza y la ermita de Nuestra Señora de las Nieves. El pueblo se organiza en torno a la plaza, lugar no solo de reunión social, sino donde también se realizarían algunas tareas agrícolas como la trilla del trigo, así como las festividades y los bailes.

Lo primero que nos encontramos al llegar desde Tudes es la ermita, de fábrica de mampostería, cubierta a tres aguas, y espadaña. Alberga en el interior una imagen de la Virgen con el niño. Es el único inmueble del conjunto que se conserva en buen estado, debido a que se mantiene en uso (los vecinos de Tudes acuden en procesión a ella cada 5 de agosto).

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Unos pasos más adelante nos encontramos con un primer pajar y la plaza, rodeada por las cuatro viviendas que todavía se mantienen en pie, aunque en muy mal estado. Algunos espacios como corrales y establos mantienen su uso, a pesar de que hace más de 20 años que aquí ya no vive nadie. El resto de viviendas se encuentran en ruinas.

Dicen de Porcieda que dio cobijo a los maquis durante la Guerra Civil. En La Vega, pueblo vecino, todavía puede verse en una piedra del muro de la curva del molino camino al cementero la marca de la bala que mató a Juanín.

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Respecto a su arquitectura tradicional, Porcieda resulta un caso muy interesante, pues aparte de las diferentes tipologías arquitectónicas que nos encontramos (viviendas, cuadras y pajares fundamentalmente), encontramos un mosaico de técnicas constructivas muy interesante.

Aunque las edificaciones pueden fecharse en época moderna y contemporánea, observamos que la mayoría de edificios están construidos sobre una base de mampostería de piedra caliza, que en el caso de algunos pajares es el material principal de todas las fábricas. Pero encontramos que en algunas viviendas la piedra solamente es utilizada en la primera planta, como base sobre la que se elevan las estructuras de carpintería de madera, y en las que se utilizan varias técnicas para realizar los tabiques y cerramientos. La estructura principal de las vivientas está realizada por forjados de madera, que conforman toda la estructura interna (vigas, pontones) así como la cubierta (armaduras, tijeras, vigas y ripias). Los cerramientos exteriores pueden ser de vigas verticales de madera, rellenando los huecos con ladrillos de adobe sin cocer, o bien entretejidos de varas que luego se recubren con barro, y finalmente con cal. Cierto es que en los últimos tiempos estos materiales han sido sustituidos por ladrillo macizo y finalmente por ladrillo hueco.

Aquí cabría hacer una defensa del uso de materiales tradicionales en la rehabilitación de edificios históricos, ya que en el resto de países de nuestro entorno la arquitectura vernácula se está restaurando utilizando los mismos materiales con los que fue edificada (En España se podría decir que la tierra, la madera y la cal, a pesar de sus indudables propiedades y durabilidad, por desgracia están siendo sustituidos por materiales modernos como el cemento portland o el ladrillo hueco, que como bien saben los profesionales de la restauración, provocan humedades, desprendimientos, aparición de sales e incompatibilidades con el edificio histórico, así como un notable impacto estético).

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Si nos fijamos en la casa del fondo en la imagen superior, observamos un pequeño muestrario de las diferentes técnicas constructivas utilizadas en la arquitectura vernácula de Cantabria. La parte inferior, mampostería de piedra caliza, utilizando un mortero de barro; el primer piso, tabiques construidos con maderos verticales y rellenos de adobe, y finalmente, en un lateral del corredor y en el cierre del desván, tabiques de “sardo” (en otras zonas de Cantabria “verganazo”), es decir, listones verticales de madera, en los que se entretejen varas de avellano, rellenados con barro y cubiertos con un revoco de cal blanca.

Otro aspecto que cabría destacar es el uso de la madera en las construcciones. Por ejemplo, el pajar que se conserva a la entrada del pueblo, su cubierta a dos aguas y la magnífica estructura de madera que aún conserva, nos remite a las técnicas constructivas de los carpinteros medievales, a las “timber framed architectures” medievales británicas, o a la architecture du pan de bois francesas. En el caso cántabro, gruesos pilares de roble, pies derechos, sustentan una estructura de madera que por una parte sustenta una cubierta a dos aguas, y a su vez, habilita un espacio amplio para almacenar el forraje del ganado, con la orientación adecuada y la ventilación necesaria para la perfecta conservación de este forraje, sin humedades ni moho, durante el invierno. Asimismo, estas cubiertas actúan como aislante del calor y el frío (sol y nieve), para el ganado que se aloja en los establos en la parte inferior. Desgraciadamente, en muchas “rehabilitaciones” observamos un escaso cuidado en la conservación de estas obras de carpintería, algunas con siglos de antigüedad, que si bien podrían haberse recuperado e integrado en la restauración/rehabilitación, frecuentemente desaparecen cortadas a motosierra y sustituidas por maderas nuevas, en las que muy frecuentemente se observan rajaduras que muestran que ni siquiera se han secado correctamente.

                En las viviendas, observamos que son ya construcciones evolucionadas, esto es, no son sencillas casas de tipología medieval de una sola planta, divididas entre establo y vivienda, sino que ya incorporan una o dos alturas, reservándose la planta inferior para el ganado, y empleándose las superiores como vivienda, y también los desvanes como lugar para la conservación de los granos. Es posible que hayan sufrido reformas, y que en algunos casos, el basamento pétreo sea la construcción original de época bajomedieval, sobre la que se elevan nuevos pisos en reformas de época moderna y contemporánea.

A continuación podéis ver todas las fotos del conjunto:

A 10 minutos de Porcieda, por el sendero que lleva a Potes, nos encontramos con las ruinas del antiguo monasterio de Santiago de Porcieda, conocido como “El convento”.  Podemos adivinar todavía la planta de la iglesia y las dependencias de este pequeño monasterio.

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Vista aérea de Porcieda y las ruinas del monasterio. Fuente: Google maps.

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Imánes del camino que nos lleva hasta las ruinas del monasterio.

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Imágenes del monasterio medieval, en ruinas al menos desde mediados del siglo XIX*.

*Pascual Madoz, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico publicado entre 1845 y 1850. Tomo dedicado a Santander en la voz “Porcieda, Santiago de” dice: convento desaparecido de caballeros templarios en Cereceda, provincia de Santander, partido judicial de Potes.

Los arranques de los muros que vemos en las fotografías corresponden a la iglesia, de una sola nave.

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La razón por la que le dedicamos una entrada a Porcieda es que está en venta. Uno de los proyectos de “rehabilitación”, que al parecer hay sobre la mesa, es convertir el conjunto en un “resort” rural con 45 apartamentos (Ver noticia aquí). En caso de ser vendido el conjunto será alterado en su totalidad cambiando completamente su aspecto original. Por ello, no queríamos dejar escapar la ocasión de visitar un conjunto etnográfico lebaniego mínimamente intervenido hasta el momento y dar a conocer la arquitectura vernácula de esta comarca.

Si os habéis animado a visitar Porcieda, antes de marcharos debéis acercaros hasta la Taberna del Inglés, ya en Tudes, para visitar la antigua cocina de la casa, conservada y acondicionada para la visita.

Tudes ha sido declarado Pueblo de Cantabria 2010 entre otras razones, por mantener “su carácter de aldea típica de montaña con un alto valor etnográfico dentro de un enclave paisajístico excepcional”. Ver noticia en El Diario Montañés.

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Resulta llamativo en esta cocina encontrarnos con dos elementos de interés. Por una parte, encontramos la clásica cocina lebaniega, la lumbre. La cocina lebaniega tradicional, antes de la llegada y popularización de las cocinas de hierro bilbaínas en los años 20-30 del siglo XX, estaba formada por una chimenea baja, la lumbre, en cuya boca se cocinaba, bien poniendo las ollas sobre un caballete de hierro, o bien colgándolas de un gancho puesto sobre la boca del fuego.

El diseño de estas cocinas estaba concebido de tal forma que sobre esta boca, existe una estructura de piedra, que se calienta al encender la cocina, y que en algunos casos tiene un tamaño lo suficientemente grande como para acomodarse sobre ella en los días de invierno, o disponer aquí la mesa para comer. Esta superficie actúa como calefacción y distribuye el calor que absorben las piedras de forma homogénea, aprovechando todo el potencial calorífico del fuego, a diferencia de otras cocinas tradicionales con chimenea, en las que prácticamente el 90% del calor se disipa por la chimenea.

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Pero en esta cocina de Tudes, además, observamos que aún se conserva una chimenea construida con varas entretejidas, recubiertas de barro y cal, y que sin duda se utilizó para realizar el curado del embutido y otros productos de la matanza, aún conserva los ganchos de madera para colgarlos. Llama la atención la disposición de esta chimenea sobre la propia lumbre, pues la lumbre dispone de chimenea propia y no necesita de una chimenea auxiliar, por lo que posiblemente se utilizaba para curar el embutido con humo procedente de la lumbre, o disponiendo otro fuego al efecto.

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De todas formas, hay que destacar el excelente estado de conservación de esta cocina, ya que ejemplos como éste solamente los encontramos en casas muy antiguas, generalmente en ruinas, y en la mayoría de las viviendas antiguas han sido demolidas para dar paso a cocinas de tipo moderno.

Es de agradecer el detalle de contar con una pequeña musealización, y que además, la intervención que se ha hecho en ella ha sido mínimo (sin rejunteos de cemento portland, ni limpieza a fondo de la piedra que eliminaría su pátina y su encanto, ni lijado de las maderas antiguas que borrarían su pátina), solamente se ha reparado la barandilla superior.

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 En el valle de Cereceda (Vega de Liébana) tampoco te puedes perder:

El Museo etnográfico – Casa de las Doñas (Enterrías), declarada primera colección museográfica privada de Cantabria. Las imágenes de nuestra visita puedes verlas aquí.

La Pisa de Ledantes, el único batán, junto al de Aniezo (también en Liébana), que se conserva en Cantabria.

Las torres de Campo, dos torres del siglo XV incluidas en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra.

Los pueblos de Dobres y Cucayo, declarados Conjunto Histórico.

El Castro de Llan de la Peña en Dobarganes.

***

 

Enlaces de interés:

Web Ayuntamiento de Vega de Liébana

Pueblos de Vega de Liébana

Rutas por Vega de Liébana

Blog Pueblos abandonados

***

 

“Tudes, Tollo,

Maredes y Campollo,

fueron al concejo

pa’ matar al ratoncejo

y dale que te dale

no fueron pa´ matarle”

Dicho popular

*

Santiago R.P. y Paloma S.B.

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